Desmontando mitos sobre la autodefensa Creencias erróneas que nos conducen a situaciones peligrosas.

Desmontando mitos sobre la autodefensa

Creencias erróneas que nos conducen a situaciones peligrosas.

El mayor problema al que nos enfrentamos ante una situación real en la que tengamos que defendernos ante una agresión no suele ser la supuesta / posible “indisposición situacional” a la que nos exponemos. El mayor obstáculo que encontraremos es que existe un conjunto de creencias potencialmente peligrosas sobre qué hacer y qué no hacer en una situación potencialmente peligrosa.

El asunto más importante a tener en cuenta en una situación de defensa personal real es la capacidad que tenemos de gestionar el estrés. En un segundo plano hablaremos de la capacidad táctica de resolución de conflictos adquirida por nuestro entrenamiento. Aquí influye mucho la realidad combativa con la que hayamos trabajado y el tipo de artes marciales que hayamos practicado.

Hay muchos mitos dentro de la defensa personal que deben ser desmontados de una forma políticamente incorrecta, aquí van unos cuantos:

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  1. Razona con tu enemigo. Está claro que los que proclaman esta estrategia pocas veces han estado en una situación real. Razonar es muy de humanos, pero en una situación límite (lo será por ajena a nuestra realidad) en la que la supervivencia empieza a estar presente, son otros los factores que entran en juego. ¿Cómo razonar con alguien que posiblemente tenga su estado de conciencia alterado? Probablemente creemos que siempre hay una manera de resolver el problema sin que nadie salga lastimado. Es hora de ir despertando, es lo que las películas nos han hecho creer. Hay que tener presente que los agresores no juegan con las mismas reglas sociales que nosotros ni tienen los mismos valores que tú en ese momento.
  2. Gritar por ayuda. Hay estudios al respecto… que si gritar fuego, que si blablabla. Seamos realistas: ¿Quien se para a ayudarte hoy en día? Una cosa tienes que tener presente: en ese momento estás solo. Si tienes que luchar lucha, es simple. Durante un encuentro violento tendrás unos pocos segundos para reaccionar, la técnica más segura de autodefensa para poder salir de ahí es causar alguna lesión (suena políticamente incorrecto, uh que violentos somos). Si vacilas, piensas demasiado, te bloqueas… la situación se complica mucho en muy poco tiempo. Se trata de nivelar / equilibrar posiciones, no de empeorarlas.
  3. No hay que hacer daño. Si no quieres que te lo hagan a ti, ya me dirás como solucionarlo. La filosofía de ganar una batalla sin llegar a luchar es fundamental, pero si ya estamos metidos en el ajo, todo lo que no sea causar algún tipo de daño a nuestro atacante no nos servirá prácticamente de nada. No quieres herirlo, necesitas herirlo. Todo es muy diferente desde el punto de vista de la supervivencia. Dice uno de mis maestros: “prefiero que me juzguen siete a que me lleven siete (haciendo alusión al ataúd).”
  4. Estoy en forma igual a puedo defenderme. Estar en forma es importante pero no imprescindible en cuestiones de “defensa personal”. Debes saber que el estrés hará estragos en tu capacidad de resistencia (por un conjunto de reacciones inconscientes que tu cuerpo asume inmediatamente). No, siento decirte que el “bodycombat” y sucedáneos no te ayudará a defenderte. Ante un arma, la posible “superioridad física” queda en un segundo plano. Cuestiónate la idea de aprender a usar tú “algún tipo de arma” para la autodefensa, en ocasiones puede que sea tu única opción. Sí, así es.
  5. Bloquear los ataques del contrario. La palabra “defensa personal” no me gusta porque para mi, el ideal de la protección no pasa por la defensa sino por el ataque (ofensa personal). Considero que una mente defensiva te sitúa en una posición de desventaja (víctima). Vacilar cuando se trata de protegerse a uno mismo (o a tus seres queridos) no es una cuestión de paz (ésta vendrá luego). Gestionar el conflicto es fundamental, como vulgarmente se dice: “la mejor defensa es un buen ataque“.
  6. Salir corriendo, retroceder. Sí, salir corriendo está genial, evitará daños, pero recuerda, es una buena estrategia siempre y cuando puedas hacerlo de una forma segura. Dar la espalda a un problema no lo soluciona, a veces lo empeora. ¿Dar pasos hacia atrás? No hay que ser muy inteligente para darnos cuenta de que nuestro cuerpo funciona mucho mejor marchando hacia adelante que hacia atrás. Saber como desplazarte, cuando y como, es básico. La solución: combatir, combatir y combatir. Práctica, práctica y más práctica. Para aprender autodefensa tienes que aprender a pelear. Que te quede claro: no hay otra opción. Suena extraño tener que hacer hincapié en esto pero es tal cual. Aprender “4 técnicas infalibles” no es real al menos que quieras tener serios problemas a la hora de la verdad. Si a nadar  se aprende metiéndose en el agua, ¿qué te hace pensar que serás capaz de aprender a luchar sin combatir?

P.D: Podría haber insertado un ciento de vídeos, claros ejemplos de negligencia con respecto a la autodefensa, con protagonistas muy serios ell@s, con cara de saber lo que dicen, pero no lo que hacen. He preferido no dañar vuestras neuronas con tanta sandez y patanería, ya sabéis a lo que me refiero.

José Díaz Jiménez

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