Mas Oyama The "Godhand" (La mano de Dios).

Mas Oyama

The "Godhand" (La mano de Dios).

Hay grandes personajes dentro del mundo de las artes marciales de pleno contacto y de los primeros que se me viene a la cabeza es el gran Maestro de Karate Mas Oyama.

Mas Oyama vivió de 1923 a 1994 y su legado aun sigue vivo con mucha fuerza. Fue fundador del Karate Kyokusin, una disciplina conocida por el énfasis puesto en el acondicionamiento físico, dureza de entrenamiento y por su combate de pleno contacto. El apodo del Maestro habla por sí mismo “The Godhand” (La mano de dios). Muchos son los logros y leyendas alcanzados por este gran maestro de las manos vacías: desde combates continuos con 300 hombres, a luchar a manos desnudas con toros a los que rompía los cuernos de un solo golpe.

Sin profundizar hoy más en su biografía (que da para varias entradas), quiero compartir unos Tips ejemplarizados por el Maestro y que considero nos podrán  ayudar en nuestro camino marcial o en la propia vida:

  1. Comprometerse al máximo. Los comienzos de Oyama en el Karate posiblemente no tenían como objetivo convertirse en toda una leyenda, su pasión era ser piloto. Viajó desde su tierra natal, Korea a Japón para luchar en la segunda guerra mundial. Oyama empezó a estudir Karate con el fundador del Karate Shotokan Funakoshi, aunque su objetivo principal era aun ser piloto. Cuanod Japón pierde la guerra nuestro protagonista pierde el foco y empezó a centrarse en el estudio del Karate. Encontró a otro maestro, el fundador del sistema Goju Ryu, durante tres años se dedicó en cuerpo y alma al Arte y  tras catorce meses de aislamiento, ganó el Campeonato Nacional de Artes Marciales de Japón. Sin ese compromiso y sin esa constancia habría sido imposible ese logro. Las dificultades hicieron que fuese grande, de esta forma se alimentan las leyendas.
  2. Seguir caminando. Oyama era constante en su camino, eso es lo que lo hizo grande. Después de esta victoria en los campeonatos nacionales volvió a las montañas para completar el compromiso asumido con su Maestro. En su reto de luchar con 300 personas, 100 al día, sufrió lesiones y contratiempos de todo tipo, como es de imaginar, no se rindió y dio lo mejor de sí, en las peores circunstancias.
  3. Cuerpo, mente y espíritu. El entrenamiento de Oyama en las montañas lo hizo fuerte, pero el sufrimiento al que se expuso fue prácticamente inhumano. 12 horas al día sin descanso sobrepasa todos los estándares físicos imaginables. Si no es con un trabajo profundo de facultades mentales y espirituales, posiblemente no habría sido posible ser leyenda. No perder el foco es la gran enseñanza a extraer de esta historia de tesón y constancia, de lucha y conocimiento.
  4. Simplificar. En Karate, como en otras disciplinas existe la premisa de “un golpe un KO”. Oyama llevó esto al extremo y centró su entrenamiento en esta idea. Simplificó su arte en la potencia, en la fuerza de ese único ataque. Es bien conocida la extrema dureza de sus ataques. La simplificación hizo de su estilo uno de los más duros dentro de las artes Japonesas de combate.

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Siguiendo estas cuatro premisas podemos concluir que con intensidad y compromiso cualquier meta puede ser alcanzada. Es necesario que construyas tras cada sesión de entrenamiento en tu arte marcial un cuerpo, mente y espíritu más fuertes. Incluso en tu peor día, da lo mejro de ti mismo, recuerda a este gran maestro, dio la vuelta a todo y sin pretenderlo se convirtió en leyenda.

Un grandísima sentencia del Maestro Oyama:

“Uno se convierte en un principiante después de mil días de entrenamiento y en un experto después de diez mil días de práctica.”

 

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