Qué aprender cuando no aprendes.

Qué aprender cuando no aprendes.

Si hay algo que nos preocupa a todos los que estamos en este camino de la cultura marcial es no parar de aprender. Todos pasamos por diferentes fases en el proceso de aprendizaje, da igual el estilo al que nos dediquemos. Son etapas en las que unas veces aprendemos a pasos vertiginosos, otras el progreso es lento pero constante y otras nos estancamos y nos sentimos desesperanzados.

No cabe duda de que toda y cada una de esas fases forma parte de nuestro proceso de aprendizaje, de nuestro camino. Un camino único e intransferible que nos hará crecer no solo como artistas marciales sino como personas. La disciplina que conlleva la práctica de un “arte de guerra” nos forja desde dentro hacia afuera. La escultura surge de la piedra tras ser golpeada con dureza e insistencia, el diamante bajo presión se forma … es así como me gusta describir nuestro camino.

La fase que más nos beneficiará, aunque sea duro reconocerlo, es en la que sentimos habernos estancado. Si trasladamos esta idea al resto de nuestra vida, nos damos cuenta de que es muy común sentir que no avanzamos o que vamos por la vida sin un rumbo determinado. ¿Será porque normalmente vamos tan rápido, somos tan inconscientes, que cuando cambiamos a una marcha más lenta, sentimos que ya nos detuvimos?

Hace tiempo leía una frase del filósofo griego Heráclites de Éfeso (535 a.c.), que en cierto aspecto cambió la perspectiva de esta sensación de parón: “lo único que permanece constante es el cambio”. Al principio parece evidente. Luego te detienes a analizar la profundidad de la sentencia y te das cuenta de la importancia del concepto del cambio (y de aceptar sus consecuencias), del incesante transcurrir de la vida (y de como ello nos transforma) y de la necesidad de sacar partido al tiempo que tenemos (porque éste ya no volverá).

Aprender cuando crees no aprender nada es un estado de alerta que desarrollaremos con nuestro entreno, en el sparring, batallando, dejándonos la piel en el tatami, forjándonos como esa espada que a martillazos se templa. Está claro, el camino de la Lucha aunque aporta mucho, también exige mucho.

Esto es lo que aprendí cuando pensaba que ya no aprendía nada mientras me reconocía como un peregrino y emprendía camino hacia Santiago: incluso cuando crees estar quieto, algo se está moviendo y cambiando dentro de ti, así que mejor continúa caminando aunque no sepas hacia donde vas, porque tarde o tempranos llegarás. No hay más meta que el camino en sí.

Suerte y nunca desistas.

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