¿Cuanto te conoces a ti mismo, si nunca has peleado?

¿Cuanto te conoces a ti mismo, si nunca has peleado?

La frase original en inglés puede que tenga un poco más de sentido … quizás muchos de vosotros la reconozcáis y si además entendéis el por qué de la frase: “How much can you know about yourself, you’ve never been in a fight?”, es que hablas el mismo idioma que Fightlosophy.

Por si hay algún despistado, esta frase aparece en la película Fight Club. Para aquellos de nosotros que entrenamos y verdaderamente queremos llegar a profundizar en la ciencia de las Artes Marciales, entendemos que la idea de Luchar se convierte en un vehículo para la auto exploración y comprensión. Sin duda hay algo que se revela sobre nosotros mismo en una confrontación física que no puede ser reconocido de otra manera. Una situación de violencia, de agresión, puede enseñarte cosas que no sabías que estaban ahí antes. Uno se deja ver tal cual es cuando está luchando, no hay capas que enmascaren eso que somos en realidad, no hay recovecos en los que ocultar nuestras historias, nuestras miserias … cuando lo físico trasciende lo mental, todo cambia, todo nos cambia. La lucha no se piensa, se siente.

Abogando a la idea de que la paz es la capacidad de gestionar el conflicto, la mayoría de nosotros no puede entender la verdadera calma sin enfrentarse al caos, al igual que no se puede entender la luz sin la oscuridad. Si nunca te has enfrentado a esos miedos, si nunca has explorado esa parte de tu humanidad, cuando sobrevenga una confrontación más o menos real, posiblemente tu instinto aparecerá pero no te podrá ayudar mucho. Ahí la importancia de educarnos en la Lucha, esto quiere decir, entrenar un sistema que de veras te saque de tu zona de confort y se aleje de las ensoñaciones de las películas de Hollywood.

Los teóricos, los que no creen en la Lucha como herramienta, alegarán que uno puede llegar a conocerse a sí mismo bastante bien sin tener que recurrir a una situación de “violencia”. Y es cierto en alguna medida. Pero el día que te encuentras en una “pelea” (que posiblemente tú no hayas buscado), te das cuenta de lo poco que sabías realmente de ti mismo, de lo poco que sabes de tus instintos y de lo poco que realmente eres capaz de hacer. Te darás cuenta posiblemente demasiado tarde de que te faltan recursos para gestionar algo tan importante como puede ser tu supervivencia.

Vivimos en la sociedad de la inmediatez, así nos evadimos de una realidad que nos arrastra por una corriente vertiginosa y seductora. Creemos poder empujar el río. Estamos anclados en el pasado y en el futuro, pocas veces en el presente. La lucha, sin más, sin ornamentos ni rituales, te sitúa aquí y ahora, no puede ser de otra manera. Hay algo dentro de todos nosotros que resulta un completo misterio, nosotros mismos. La lucha es ese grandísimo catalizador de la “violencia” y de la agresividad (herramientas de la supervivencia) que desentierra nuestro “castrado” y verdadero ser animal. Nos relaciona directamente con la inseguridad, nos enfrenta a nuestros miedos, nos haces capaces y nos empodera de nuestra propia seguridad. Una vez exhumado este ser, ocurre una transformación comparable a la reacción del contacto de dos sustancias químicas y ya nunca seremos los mismos.

Os dejo una frase del gran Carlos Gracie, creador junto a Helio Gracie del arte que ha revolucionado el mundo de las artes marciales: “For me and my family, jiu-jitsu, in its complex simplicity, became the most profound way of learning life’s most important lessons.” – Carlos Gracie

José Díaz Jiménez

 

Entrada siguiente:
Entrada anterior:

Deja un comentario