El dolor es temporal Superación en forma de lucha

El dolor es temporal

Superación en forma de lucha

Lance Armstrong es un guerrero, mentiroso, pero guerrero. Superar una enfermedad, aceptar que ha engañado a medio planeta y seguir siendo un icono no es fácil. Más allá de las apariencias, me centro en él como figura que ha luchado para salir de lo más profundo de sí mismo. Dijo cosas como esta y a mi me valen: “El dolor es algo temporal, puede durar un minuto, una hora, un día, un año, pero al final se acabará y otra cosa ocupará su lugar. Sin embargo, si me rindo ese dolor será para siempre.”

Con una nota así podría empezar y terminar la entrada, no hay mucho más que añadir a una evidencia con la que lidiamos todos nosotros en cada entrenamiento y que forma parte de nuestro camino dentro de las artes marciales y/o deportes de combate. El dolor nos acerca a nosotros mismos. Gestionar sus consecuencias es lo que hará que transitemos un camino que no tiene fin o que nos apeemos en la siguiente parada, caída, adversidad, problema. El dolor no es malo, “lo malo” es que dejemos que nos conquiste.

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El mundo que nos rodea, nuestra concepción de la realidad, depende de un órgano que filtra, decide e intuye nuestras experiencias (interiores y exteriores). Ese órgano es el cerebro y es quizás el más evolucionado instrumento combativo con el que contamos. Recibe información, la procesa y toma decisiones en consonancia con lo que experimentamos a cada momento. Una de sus funciones más importantes (se relaciona directamente con nuestra supervivencia) es la de interpretar las señales que recibe y actuar en consecuencia.

¿Cómo surge el dolor? Si te duele el cuello (por ejemplo), la pregunta es: ¿Es ahí donde se produce el dolor? La respuesta es NO. Uno de los errores desbancados por la ciencia actual, pero aun instalados en la cultura popular, es creer que el dolor se genera en los tejidos donde se ha generado la lesión. La realidad es que el dolor surge en el cerebro. Éste recibe las señales que le llegan en décimas de segundo, las interpreta y genera dolor. Saltan así las alarmas, pero es el cerebro quien decide si hay que actuar o no. A nivel más profundo se ha descubierto que el cerebro no distingue entre el dolor físico y emocional.

Así, la “alarma” no decide si están o no atracando un Banco, tampoco decide qué hacer, sólo avisa de que algo pasa. Seguro que alguna vez te habrán dicho esto de: “no pienses tanto en el dolor” y de repente, cuando dejas de focalizarte en él, es cierto que “el dolor no duele tanto”.

Heavyweight champion Muhammad Ali ( Cassius Clay) moves in with a series of amsshes to the face of challenger Floyd Patterson in the sixth round of their title fight at Las Vegas, Nevada on Nov. 22, 1965. (AP Photo)

Gestionar el dolor parte de dos bases fundamentales: la genética y lo aprendido. Todos tenemos programada de fábrica una tolerancia determinada al dolor y todos aprendemos a tener miedo a éste. Más nos relacionamos con la sensación que produce el dolor, más experiencia y mayor capacidad para que ese umbral de tolerancia varíe significativamente. La capacidad de administrar el estrés (causado por el dolor) es una de las herramientas fundamentales dadas bajo el prisma de un entrenamiento intenso y funcional en las artes marciales combativas. En resumen, la clave en todo es: asumir y obrar en consecuencia.

Termino este post con una de esas frases que se le atribuyen a muchos (posiblemente sea de Buda), y que en realidad da igual quien la dijo: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional“.

*imagen de portada: wallpaperfolder

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