Quiero ser peleante. Anécdotas para el recuerdo.

Quiero ser peleante.

Anécdotas para el recuerdo.

En una  de estas charlas (no tan habituales como uno quisiera) con un gran amigo y mentor en esto de escribir sobre artes marciales, salía el tema de lo complicado que está esto de vivir profesionalmente de la lucha. Es un asunto que llevamos años tratando y seguimos estando en la misma situación, creo que aún no hemos descubierto la piedra filosofal de hacerlo sin meter la pata con el Arte.

Nuestras conversaciones giran en torno a muchos temas: las artes marciales. Hablando de alumnos y clases, me decía algo que se me quedó grabado y que desde entonces utilizo como algo mío. Llegaba a una de sus clases un tipo diciéndole: “Yo quiero ser Peleante”.

Esta frase encierra mucho de lo que hay hoy en día en las calles del mundo “marcialistico” (como dicen los latinos). Ser peleante es quizás la mejor manera de describir la situación actual y a grandes rasgos de lo que supone la no-profesionalización del Arte. Nos enfrentamos a un vacío, un hueco que no tiene fin, en el que muchos piensan que enseñar artes marciales es algo que se hace por amor al arte y que no va más allá de un rato divertido con chavales en un gimnasio de mala muerte.

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La gracia tiene su aquel en cuanto sabes que lo que busca alguien de estas características no es precisamente alcanzar el “Nirvana Marcial a través de una práctica eficiente de un arte milenario“. Básicamente quieren pegarse, o que les peguen dado el caso. A estos personajes todo les parece caro: el equipo, las clases y las consecuencias del entrenamiento. Que ellos golpeen a los demás está perfecto, pero cuando les tocan a ellos la cara, cambia la película. Los peleantes enrarecen el ambiente de clase. Me he topado con tipos que se han puesto camisetas llenas de salpicones de sangre para demostrar lo machos que son… y no lo eran tanto.

Seguro que os ha pasado alguna vez aquello de: “Quiero ser peleante pero sin sudar la camiseta“. La cuestión sigue así: “Un amigo de un amigo me dijo que aprendió tal estilo infalible con tal maestro, es un máquina y además mucho más barato… es un crack peleando en la calle“. Este alumno “tipo” quiere todo en muy poco tiempo. Se compra el equipo (de marcas de moda o se va al otro extremo: todo marcas falsas), paga la cuota anual (a regañadientes) y los primeros días asiste de los primeros a clase. Algunos quieren clases privadas (alguien les dijo que se aprende más rápido), pero no al precio que les dices y te regatean hasta el último céntimo. “Joder que caro eres”. Pues, la próxima vez me pagas tú el viaje a ver a mis maestros, portento.

La película en lo económico es otra cosa cuando el “peleante” sale de marcha. Los ves emborracharse cual cosaco y buscan pelea o la pelea los encuentra a ellos (con estados etílicos alterados de conciencia casi es lo mismo). Ahí no les importa ni que les peguen ni pagar cuantas más copas mejor. Vendrán contándote la batallita y tú verás que algo no funcionó o sí: paró demasiados puños con la cara, mala estrategia amigo. Si tienes una buena ética como profesor lo invitarás a que se marche con una gran sonrisa, ya sabes… aquello de una manzana podrida.

El mundo está así, soy de los que piensa que no hay que regalar conocimiento porque el conocimiento cuesta mucho. Si quieren ser peleantes que aprendan del gran Maestro youtube y luego “sufran” las consecuencias. No hay nada gratis en la vida, lo barato se vuelve caro… en definitiva: La calidad se paga y eso es lo que hay.

 

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